La temporada del equipo de Milton Keynes está lejos de ser el paseo triunfal al que tenían acostumbrados a sus aficionados. Max Verstappen ha señalado los principales problemas del Red Bull RB22, detallando las áreas críticas que la escudería debe solucionar urgentemente si pretende reconducir el rumbo del campeonato.
Llegados al parón estival de la Fórmula 1, Red Bull marcha en cuarta posición en el Campeonato de Constructores, una situación atípica que ha encendido todas las alarmas internas.
El tetracampeón del mundo ha calificado las primeras once carreras del año como una auténtica montaña rusa. La falta de consistencia y los imprevistos en el comportamiento del coche han dejado en evidencia que la estructura de la bebida energética aún no comprende al cien por cien la naturaleza de su nuevo monoplaza.
El mayor dolor de cabeza para el piloto holandés radica en la inestabilidad que sufre el vehículo a medida que avanzan los días de competición. Lo que en la sesión de Entrenamientos Libres parece un coche equilibrado y competitivo, se transforma en un monoplaza impredecible a la hora de la verdad. Ese es uno de los problemas del Red Bull RB22.
El Gran Premio de Hungría fue el perfecto reflejo de este fenómeno: tras lidiar con el balance durante todo el fin de semana, Verstappen sufrió un trompo en los últimos segundos de la Q3 que lo relegó a la sexta plaza de salida.
A pesar de completar una remontada heroica hasta el segundo escalón del podio, no ocultó su frustración con el comportamiento del coche.
«Primero tenemos que encontrar más rendimiento general«, explicó abiertamente Verstappen. «Después, debemos solucionar nuestros problemas de consistencia, ya que a veces perdemos rendimiento de un día para otro o incluso desde el inicio hasta el final de la propia carrera. Esa es ahora mismo nuestra gran prioridad«.
A los fallos del chasis se le suma una complicación mayúscula en el apartado de la propulsión. Con la entrada de la nueva era reglamentaria, Red Bull hizo debutar su propia unidad de potencia, desarrollada en colaboración con Ford. Sin embargo, el motor no está ofreciendo ni la potencia pura ni la fiabilidad que se preveían dentro de la fábrica.
La polémica aumenta al analizar las decisiones de la Federación Internacional del Automóvil (FIA). A principios de curso, el organismo regulador catalogó al propulsor de Red Bull como el motor de referencia (benchmark) del reglamento, una etiqueta que privó a la escudería de acogerse a las Oportunidades de Desarrollo y Mejora Adicionales (ADUO) que sí disfrutan otros fabricantes para recortar distancias.
Verstappen se mostró irónico pero crítico al ser preguntado sobre si el motor realmente es la referencia de la parrilla:
Petición de ayudas al desarrollo: «Me encantaría disponer de algunas horas extra de ADUO, la verdad. No sé cómo ha sido el cálculo, pero lo analizaremos detenidamente tras las vacaciones».
Pérdida de competitividad: El equipo reconoce en privado que aún está lejos de dominar los complejos mapas motores del nuevo sistema de propulsión de 2026.
El margen de error para los de Milton Keynes se agota. La falta de prestaciones y los problemas del Red Bull RB22 no solo complica la defensa del título de pilotos por parte de Verstappen, sino que compromete seriamente el plano financiero y estratégico del equipo al verse superados por tres rivales directos en la tabla de constructores.
Las dos semanas de cierre obligatorio de las fábricas servirán para recargar pilas, pero los ingenieros de Red Bull deberán volver a Silverstone con soluciones drásticas bajo el brazo antes de afrontar las citas clave del calendario.