El regreso de los motores V8 F1 ya no es un simple rumor. La FIA y la FOM tienen claro que los actuales propulsores turbo híbridos, costosos y excesivamente complejos, tienen los días contados.
Con la mirada puesta en el cambio de reglamentación de la temporada 2031, el presidente de la FIA, Mohammed Ben Sulayem, ha desvelado un ambicioso plan que promete cambiar por completo el tablero político y técnico de la competición.
La gran novedad radica en la creación de un proveedor de motores independiente y garantizado, una medida diseñada específicamente para liberar a los equipos cliente de la asfixiante influencia de los grandes fabricantes de automóviles.
El plan de la FIA consiste en adjudicar a un preparador de prestigio (como podría ser Cosworth) la fabricación de los motores V8 F1 de tipo estándar, económico y de libre acceso.
El objetivo es directo: evitar que las marcas utilicen el suministro de unidades de potencia como moneda de cambio política en las votaciones de la categoría.
«No habrá control de un equipo A sobre un equipo B a través de los motores», aseguró tajantemente Ben Sulayem. «Si es asequible, tendremos un motor común para el resto de equipos cliente, de modo que nadie pueda presionarlos diciéndoles: ‘Vota en esta dirección o no te daremos un buen motor‘».
Esta drástica reducción de costes, que según la federación podría recortar los presupuestos de investigación y desarrollo (I+D) en un 50%, abriría la puerta a que escuderías como McLaren u otras se planteen fabricar sus propias mecánicas tradicionales.
Uno de los mayores argumentos para introducir los motores V8 F1 en 2031 es la drástica reducción de peso del monoplaza, con un objetivo de rebaja de hasta 100 kg al eliminar las pesadas baterías actuales.
Aunque se mantendrá un componente híbrido, su relevancia caerá drásticamente hasta quedarse en un mero 10% o 15% de la potencia total, lejos del casi 50% actual que obliga a los pilotos a levantar el pie del acelerador en plena recta.
Además, Ben Sulayem plantea un dilema técnico definitivo para abaratar costes y recuperar el rugido característico de los coches: elegir entre turbo o batería, pero no ambos. «El turbo añade mucho peso, mucho dinero y, además, elimina el sonido«, afirmó el mandatario.
La vuelta a los motores V8 F1 atmosféricos plantea un desafío físico: consume más combustible que un V6 turboeficiente.
Para evitar que el depósito tenga que duplicar su tamaño (pasando de los 105 kg actuales a los 150 kg de capacidad), la FIA ha encargado un estudio formal para evaluar el regreso de los repostajes en carrera, prohibidos desde 2009.
A pesar de que el retorno de las mangueras de combustible podría suponer un coste logístico cercano a los 4 millones de dólares anuales por equipo, la FIA prioriza la ligereza y la espectacularidad en pista para salvar la esencia del campeonato.