Max Verstappen piloto de carreras con mono de Red Bull en Nurburgring

Max Verstappen y su «cuenta pendiente» en Nürburgring

El automovilismo va mucho más allá de la Fórmula 1, y Max Verstappen es de los pocos campeones modernos que se atreven a demostrarlo con hechos.

Tras el amargo desenlace del pasado fin de semana en las 24 Horas de Nürburgring, donde acarició la gloria absoluta antes de que la mecánica le traicionara, el piloto neerlandés ha aprovechado el altavoz del Gran Premio de Canadá para confesar que tiene una auténtica «cuenta pendiente» con el Infierno Verde.

Max Verstappen, que debutaba en una prueba de resistencia de semejante magnitud, logró poner los pelos de punta a los aficionados. Partiendo desde la cuarta posición de la parrilla, él y sus compañeros de equipo tardaron apenas unas horas en asaltar el liderato de la carrera.

Dominaron la noche alemana y mantuvieron el control durante la mañana del domingo.

Sin embargo, el drama aguardaba a la vuelta de la esquina: a falta de solo tres horas para la bandera a cuadros, justo tras un titánico doble relevo del de Red Bull, un fallo en el rodamiento de una rueda provocó la rotura de la transmisión. El coche cayó a la posición 38ª.

Una experiencia brutal bajo la lluvia alemana para Max Verstappen

Max Verstappen bajo la lluvia conduce el GT3 de Mercedes

A pesar del desgarrador abandono cuando ya acariciaban el trofeo, Max Verstappen se mostró visiblemente entusiasmado al rememorar la experiencia ante los micrófonos en Montreal.

Para el tetracampeón, el sabor de la resistencia ha sido un absoluto soplo de aire fresco.

«Creo que, en general, fue una semana fantástica; la disfruté muchísimo», admitió Max. «Por supuesto, era mi primera gran carrera de resistencia y todo iba sobre ruedas. Teníamos el coche en una forma excelente y ejecutamos la estrategia a la perfección«.

«Por desgracia, al fin y al cabo esto sigue siendo un deporte mecánico. Tuvimos esa avería que nos costó una victoria que teníamos completamente bajo control hasta ese momento. Pero toda la experiencia de conducir bajo la lluvia, las condiciones cambiantes del asfalto y el hecho de compartir el coche con mis compañeros de equipo fue algo que disfruté enormemente«, explicó el neerlandés con madurez.

Al compaginar su temporada de Fórmula 1 con una de las citas de resistencia más exigentes y peligrosas del planeta, Max Verstappen ha entrado de lleno en un club muy selecto de la era moderna.

Sigue los pasos de gigantes como Fernando Alonso, quien en 2017 se saltó el GP de Mónaco para disputar las 500 Millas de Indianápolis, o Nico Hülkenberg, que en 2015 tocó el cielo al ganar las 24 Horas de Le Mans con Porsche mientras era piloto en activo de la categoría reina.

«Es una disciplina totalmente diferente. Disfruté un montón y es algo que siempre había querido hacer«, continuó relatando entusiasmado. «Fuera de la Fórmula 1 hay muchas otras categorías competitivas en las que puedes correr, y las 24 Horas de Nürburgring estaban, sin duda, marcadas en rojo en mi lista de deseos. Si miras las cámaras de a bordo, creo que se entiende perfectamente el porqué«.

Nuestro análisis

Lo que Max Verstappen ha hecho en Nürburgring es el reflejo de un piloto que corre por puro amor a la velocidad, no por el márketing ni por los contratos multimillonarios.

En una era donde los pilotos de Fórmula 1 viven entre algodones y tienen prohibido por contrato subirse a un kart, ver a un tetracampeón del mundo jugarse el tipo de noche, bajo la lluvia de la cordillera del Eifel y rodeado de tráfico con un GT3, es una bendición para el Motorsport.

La avería mecánica le arrebató una victoria histórica, pero ha encendido un fuego interno en el neerlandés.

Max Verstappen no se va a marchar de la competición para retirarse a un yate; cuando decida cerrar su etapa en los Grandes Premios, el automovilismo tradicional de resistencia le espera con los brazos abiertos.

Y conociendo su carácter, no parará hasta levantar ese trofeo.