En Suzuka Carlos Sainz, en su doble faceta de piloto de Ferrari y director de la Asociación de Pilotos de Grandes Premios (GPDA), ha alzado la voz de manera contundente contra la FIA.
El Gran Premio de Japón en Suzuka no solo dejó una carrera estratégica, sino una de las críticas más feroces que se recuerdan en la era moderna de la Fórmula 1. El motivo: el escalofriante accidente de Oliver Bearman que, según el madrileño, era una «crónica de un suceso anunciado».
El incidente que ha encendido las alarmas ocurrió en la vuelta 21.
En la entrada de la mítica curva Spoon, el Alpine de Franco Colapinto se encontraba en fase de recarga de energía, mientras que el monoplaza de Bearman estaba en pleno despliegue de batería.
La diferencia de velocidad entre ambos era de casi 50 km/h.
Esta disparidad mecánica obligó a Bearman a un movimiento brusco que terminó con un impacto lateral de 50G.
«Mi accidente en Rusia 2015 fue de 46G, así que imaginaos lo que significa uno de 50G«, recordaba Carlos Sainz para poner en perspectiva la magnitud del golpe.
Aunque el británico salió por su propio pie con contusiones en la rodilla, la sensación en el paddock es que se evitó una tragedia por muy poco debido a la configuración técnica de los actuales monoplazas
Tras cruzar la meta en 15ª posición, Sainz no se guardó nada ante los micrófonos de Sky Sports F1.
Su discurso fue un ataque directo a la gestión de la seguridad por parte del organismo regulador, dejando claro que la comunicación entre los pilotos y la federación está rota.
«Tengo la esperanza de que se nos ocurra algo mejor para Miami. El accidente que hemos visto hoy es algo sobre lo que ya les habíamos advertido. Con este tipo de velocidades de aproximación, un accidente así iba a ocurrir tarde o temprano, y no estoy nada contento con lo que hemos tenido hasta ahora«, sentenció el madrileño con evidente frustración.
Sainz subrayó que los pilotos sienten que sus preocupaciones técnicas son secundarias frente al espectáculo televisivo.
La FIA ha intentado mitigar los problemas de tráfico en clasificación, pero Carlos insiste en que el peligro real se ha trasladado al fragor de la carrera:
«Me sorprendió mucho cuando dijeron: ‘No, solucionaremos las cosas para la clasificación, pero dejad la carrera tranquila porque es emocionante’. Como pilotos, hemos sido extremadamente claros: el problema no es solo el sábado, es también el domingo«.
Uno de los puntos más críticos del análisis de Carlos Sainz fue la geografía de los circuitos. Suzuka, a pesar de su estrechez, cuenta con escapatorias de hierba y grava que amortiguaron el desastre de Bearman.
Sin embargo, el calendario de la F1 actual está plagado de trazados urbanos donde el margen de error es inexistente.
«Hoy tuvimos suerte de que hubiera una vía de escape. Ahora, imaginaos ir a Bakú, Singapur o Las Vegas y tener este tipo de diferenciales de velocidad y choques justo al lado de los muros«, advirtió el director de la GPDA.
La preocupación es legítima: en un circuito urbano, un coche que circula 50 km/h más lento en una zona de alta velocidad se convierte en un obstáculo móvil mortal.
Si el impacto de Bearman hubiera sido contra el hormigón de Las Vegas, estaríamos hablando de consecuencias mucho más graves.
La crítica de Carlos Sainz también tuvo un tinte político necesario en la F1 actual.
El piloto español instó a la FIA a cambiar su interlocutor principal a la hora de legislar sobre seguridad y reglamentación técnica.
«Espero que esto sirva de ejemplo y escuchen a los pilotos y no tanto a los equipos. Algunos dijeron que las carreras estaban bien, pero las carreras no están bien si no son seguras«, dijo Carlos Sainz.
El problema reside en el sistema de recuperación de energía (ERS).
Cuando un coche entra en modo de «recarga», pierde potencia de forma súbita, mientras que el perseguidor viene con el «push-to-pass» activado. Esa brecha de velocidad es lo que los pilotos denominan el «efecto acordeón peligroso«.
La normativa actual de gestión de energía está creando situaciones de riesgo extremo que los pilotos no están dispuestos a tolerar más allá del próximo GP de Miami.
Carlos Sainz ha puesto la primera piedra de una posible rebelión de la GPDA si no se ven cambios inmediatos en el software o en las directivas de carrera para proteger la integridad física de los protagonistas.