El legendario Jacky Ickx se ha puesto al volante del Genesis Hypercar GMR-001 para realizar un test altamente simbólico en el circuito de Paul Ricard.
A sus 81 años, el seis veces ganador de las 24 Horas de Le Mans ha descubierto una máquina radicalmente distinta a cualquier otra que hubiera experimentado jamás.
Un coche a caballo entre la compleja tecnología moderna y los recuerdos de otra época del automovilismo.
¿Te has preguntado alguna vez qué pensarían los pilotos del pasado al subirse a los coches de carreras actuales?
Imagina a Jackie Stewart o Bruce McLaren descubriendo la carga aerodinámica y la complejidad de la Fórmula 1 moderna.
O visualiza a Henri Pescarolo entrando en el habitáculo de un prototipo Hypercar actual, viniendo de una era en la que la resistencia premiaba tanto el cuidado de la mecánica como el aguante humano.
Normalmente, este tipo de viajes en el tiempo solo existen en la imaginación de los aficionados al motor. Sin embargo, la escudería Genesis Magma Racing ha decidido hacerlo realidad.
Con seis victorias en Le Mans, dos subcampeonatos de Fórmula 1 y un triunfo en el París-Dakar, el piloto belga encarna a una generación que corría sin dirección asistida, sin simuladores y con un margen de error mínimo.
Durante unas vueltas, se proyectó varias décadas hacia el futuro en un reencuentro único entre el instinto y la tecnología.
El punto de encuentro fue el Circuit Paul Ricard en Le Castellet, bajo el sol del sur de Francia y el viento mistral barriendo los pinos.
Fue allí donde Jacky Ickx vio por primera vez el coche que iba a conducir.
Para la ocasión, la tradicional decoración gris y naranja del prototipo fue sustituida por un diseño único en homenaje al piloto.
Tras unas vueltas de verificación completadas por André Lotterer, llegó el momento del belga.
El día anterior ya había entrado al habitáculo para los últimos ajustes de posición, teniendo una primera toma de contacto con este nuevo mundo: un volante cubierto de controles y una pantalla saturada de información.
Ante esto, el veterano piloto comentó con su característico humor:
«Sé dónde están los pedales y eso es todo lo que necesito. No me digáis nada más«.
Jacky Ickx completó tres vueltas al volante del Genesis Hypercar GMR-001.
Tres giros que bastaron para unir dos épocas ante la atenta mirada de los ingenieros.
«Solo puedo responder de una manera: es como el día y la noche«, afirmó al comparar el prototipo actual con los que pilotó en su carrera.
«No tienen nada en común. Las carreras de hoy en día son otra cosa. Sigue siendo competición, pero estos vehículos no tienen nada que ver con el mundo del que yo vengo«.
«Todo me ha impresionado. Cuando tienes delante un volante con 18 botones en la parte delantera y probablemente otros cuatro detrás, y conmutadores para cambiar el comportamiento del coche o ajustar las barras de torsión… Les dije a los ingenieros: ‘Por favor, simplificadme la vida’«.
Incluso los hábitos de conducción más básicos tuvieron que ser reaprendidos en el Genesis Hypercar:
«Yo siempre he frenado con el pie derecho, nunca he conocido otra cosa. Aquí me encontré frenando con el pie izquierdo. Parece una tontería, pero la sensibilidad no es la misma. Tuve que replanteármelo todo para no confundirme. Además, el habitáculo es tan estrecho que casi te vuelve claustrofóbico«.
Jacky Ickx sabía que su presencia despertaba expectación en el box:
«Ayer fue el aperitivo y hoy el plato principal. La pregunta era cómo me las iba a apañar ahí dentro. El equipo probablemente se preguntaba cómo esta ‘antigüedad’ iba a conducir su coche y si sería capaz de traerlo de vuelta sano y salvo«, sonrió.
«Me dijeron que tenerme allí era mágico«.
«Frente a los coches que he pilotado en mi vida, me planteé este test por dos razones. La primera era que lo vi como una oportunidad única para entender cómo se comporta un coche de carreras moderno y lo difícil que es realmente. Es mucho más complicado de lo que conocí. Tienes que gestionarlo todo al mismo tiempo en una disciplina que se sigue llamando resistencia, pero que en realidad se ha convertido en un sprint permanente. Va a fondo. Ya no hay espacio para la improvisación«.
Al quitarse el casco, los mecánicos e ingenieros rompieron en aplausos en el garaje.
El piloto dedicó unos momentos a agradecer el trabajo del equipo y a compartir palabras de aliento para el campeonato, con los ojos todavía brillando tras conducir una máquina del futuro exactamente 60 años después de haber debutado en sus primeras 24 Horas de Le Mans en 1966.
Sin duda, este test ha supuesto un auténtico rayo de sol tanto para el piloto como para la historia del motor.