La expectación por ver el primer Aston Martin nacido bajo la era de Adrian Newey se está convirtiendo en una pesadilla en el paddock de Baréin.
Tras un debut tardío en Barcelona y problemas de fiabilidad con la nueva unidad de potencia Honda, Lance Stroll ha roto el silencio con unas declaraciones que han helado la sangre en la sede del equipo en Silverstone: el AMR26 está, ahora mismo, a un abismo de la cabeza.
El test de Baréin ha sido un calvario para el equipo verde.
Una «anomalía de datos» en el motor Honda dejó a Stroll fuera de combate tras solo 36 vueltas, pero lo más preocupante no es la fiabilidad, sino el cronómetro.
Al ser preguntado por la distancia real con los equipos top, Stroll fue tajante:
«No lo sé. Ahora mismo parece que estamos a cuatro segundos de los equipos punteros, quizá cuatro y medio. Es imposible saber las cargas de combustible, pero sí, tenemos que encontrar cuatro segundos de rendimiento».
Stroll, que intentó tirar de ironía mencionando que «al menos hace sol en comparación con el Reino Unido», admitió que los problemas no se limitan a un solo área. Es un cóctel crítico: falta de equilibrio, agarre deficiente y un motor que aún no entrega lo esperado.
Para el canadiense, el rendimiento no va a «caer del cielo».
El equipo se enfrenta a una montaña rusa de mejoras necesarias tanto en el chasis como en la unidad de potencia (PU) antes del inicio en Australia.
«En este negocio nadie se queda quieto; todos buscan rendimiento cada fin de semana», sentenció Stroll con un tono visiblemente abatido.
Resulta casi paradójico que el coche más esperado de la década, el primer hijo de la unión Newey-Honda-Aston, haya nacido con un bache tan profundo.
Sin embargo, en la F1 de 2026, las conclusiones en los test pueden ser engañosas.
¿Es real ese abismo de 4.5 segundos o estamos ante el sandbagging (esconder cartas) más agresivo de la historia?
Si en Silverstone no encuentran soluciones antes de Melbourne, el proyecto «Galáctico» de Lawrence Stroll podría empezar con un frenazo en seco que nadie esperaba.
La transición hacia 2026 marca un antes y un después para Aston Martin, ya que el AMR26 será el primer monoplaza nacido de la alianza exclusiva con Honda.
A diferencia de los años anteriores, donde el equipo dependía de la integración de componentes de Mercedes, ahora deben diseñar un chasis que se fusione perfectamente con la nueva unidad de potencia japonesa.
Este cambio es un «arma de doble filo»: aunque ofrece una ventaja competitiva al ser un equipo oficial, la complejidad técnica de integrar sistemas eléctricos mucho más potentes está generando retrasos.
Los ingenieros se enfrentan al reto de gestionar el peso y la refrigeración de las nuevas baterías, factores que parecen estar comprometiendo la agilidad del coche en las simulaciones iniciales.
A pesar de contar con el genio del diseño Adrian Newey, el desarrollo del AMR26 no ha sido un camino de rosas.
El equipo ha admitido que empezaron con una desventaja de casi cuatro meses respecto a sus rivales, ya que su nuevo túnel de viento de última generación en Silverstone no estuvo totalmente operativo hasta mediados de abril de 2025.
Esta falta de tiempo de pruebas ha obligado a los ingenieros a confiar plenamente en simulaciones digitales (CFD) para perfeccionar la aerodinámica activa del coche.
Uno de los mayores quebraderos de cabeza ha sido el sistema de aerodinámica activa (los alerones móviles que sustituyen al DRS).
En las simulaciones iniciales, se detectó que el coche perdía estabilidad en la transición entre el «Modo Z» (máxima carga) y el «Modo X» (baja resistencia).
Los rumores indican que el AMR26 ha tenido dificultades para encontrar el equilibrio perfecto, lo que se traduce en un coche «nervioso» en las curvas de alta velocidad.
Lance Stroll ha señalado que el equipo necesita «encontrar cuatro segundos» para estar en la lucha, lo que confirma que el monoplaza todavía es un diamante en bruto por pulir antes de la primera carrera en Melbourne.