La segunda temporada de Lewis Hamilton en Ferrari no ha empezado con la estabilidad esperada. Mientras el cronómetro corre en los test de pretemporada en Bahrein, el garaje del heptacampeón es un baile de nombres.
Tras el fracaso de su relación profesional con Riccardo Adami en 2025, el piloto británico busca desesperadamente una voz al otro lado de la radio que le devuelva a lo más alto.
A mediados de enero, la Scuderia confirmó que Riccardo Adami abandonaba su puesto al lado de Hamilton para recalar en la Driver Academy y el programa de pruebas TPC.
El propio Lewis ha admitido en Sakhir que la decisión fue difícil pero orquestada por él mismo: «Fue una decisión complicada. Estoy agradecido por su paciencia en un 2025 que fue muy duro para todos».
La falta de un plan B sólido en Maranello está quedando en evidencia durante esta pretemporada:
Barcelona (Test privados): Hamilton trabajó con Bryan Bozzi, pero Bozzi es el ingeniero «intocable» de Charles Leclerc.
Bahrein (Test oficiales): El elegido es Carlos Santi, viejo conocido de la casa por haber sido el ingeniero de Kimi Räikkönen.
Sin embargo, el propio Hamilton ha enfriado las expectativas confirmando que Santi es solo una solución temporal «para las primeras carreras».
La realidad es que Lewis Hamilton sigue buscando su «Bono» (Peter Bonnington) en Maranello y no lo encuentra.
La relación con Adami fue gélida y la falta de un sustituto de peso a estas alturas del año huele a falta de previsión en la gestión de Fred Vasseur.
Para un piloto que se alimenta de la simbiosis con su ingeniero, empezar 2026 «probando» personal es regalarle una ventaja competitiva a Leclerc, que tiene a Bozzi totalmente integrado en su sistema.
Si Ferrari quiere que el fichaje del siglo funcione, necesita darle a Hamilton una voz que le entienda a 300 km/h, no un sustituto por horas.