Alpine F1: todo o nada en 2026

Alpine reconoció que 2025 era un año perdido y apostó todas sus fichas al gran reinicio técnico de la Fórmula 1 en 2026.

El equipo de Enstone defiende que el plan avanza según lo previsto, pero la historia reciente obliga a preguntarse realmente si esta vez será diferente.

Los números de Alpine en 2025 no admiten demasiadas lecturas optimistas. Décimos en el Mundial de Constructores, solo 22 puntos y un único piloto sumando de forma regular.

El A525 nunca terminó de funcionar y, cuando lo hizo, fue más una excepción que una tendencia: el sexto puesto de Pierre Gasly en Silverstone quedó como un resultado aislado.

La verdadera historia de Alpine esta temporada ha sido la decisión de cortar el desarrollo del A525 de forma anticipada y concentrar recursos en el nuevo reglamento.

El proyecto del motor Renault se cerró antes de lo previsto y el equipo confirmó su acuerdo como cliente de Mercedes a partir de 2026.

El motor Mercedes como punto de inflexión

El cambio a unidades de potencia Mercedes no garantiza resultados inmediatos, pero sí aporta estabilidad técnica tras una etapa híbrida complicada con Renault. Para un equipo que terminó 2025 a 48 puntos del noveno clasificado, esa claridad es clave.

El esfuerzo es tangible: largas jornadas en fábrica y un compromiso que el propio equipo reconoce como imprescindible en una industria que no entiende de horarios convencionales.

Pero Alpine ya ha sido optimista en el pasado y ha acabado atrapada en la parte baja de la zona media.

Uno de los grandes quebraderos de cabeza del reglamento de 2026 es el peso mínimo, fijado en 770 kilos.

Un desafío común a toda la parrilla, pero especialmente sensible para equipos que parten de atrás. En Alpine admiten que el objetivo se ha atacado de forma agresiva, aunque lo consideran alcanzable.

El reglamento de 2026 ofrece un reinicio real, pero también castiga duramente los errores de concepto. Alpine ha apostado antes que muchos y ha construido su discurso alrededor de ese adelanto.

Ahora solo queda lo que la Fórmula 1 nunca perdona: salir a pista, encontrar ritmo y demostrar que esta vez el plan no se queda en palabras.